Hay días en los que elijo un té porque tengo ganas de probarlo y nada más.
Hoy fue el turno de un Ceylon en hebras de Akbar.
No tenía una cata planificada ni estaba buscando particularmente un té de determinada región. Simplemente lo preparé y empecé a mirar qué encontraba.
La hoja seca
Las hebras son bastante oscuras.
Predominan los tonos negros, aunque aparecen algunos verdes muy profundos entre las hojas.
Antes de preparar el té, el aroma ya me lleva hacia notas bastante cálidas: madera y chocolate.
Es interesante porque todavía no aparece esa intensidad que después encuentro en taza.
El licor
Una vez preparado, el color cambia completamente la impresión.
El licor es rojo, con un leve tono anaranjado y bastante cuerpo.
Visualmente es una taza intensa.
Y en boca también.
En taza
Lo primero que encuentro es justamente esa intensidad.
Es un té con cuerpo, de esos que se hacen notar.
Después aparecen las especias y vuelven esas notas más cálidas que había encontrado al oler la hoja seca.
Madera, chocolate y especias. Es un té con mucha presencia.
Y eso también me gusta de seguir probando distintos tipos de té: no todo tiene que ser fresco, vegetal o liviano.
Una de las cosas que más me gusta de catar té
Hay algo que sigo disfrutando mucho de esto: no saber exactamente qué voy a encontrar antes de preparar una taza.
Podés leer el origen, conocer el tipo de té, mirar las hojas y tener una idea de lo que puede aparecer.
Pero después está la taza.
Y ahí empieza realmente la conversación con el té. A veces encontrás exactamente lo que esperabas. Otras veces aparece algo que no habías pensado.
Y otras simplemente te quedás con una sensación, una nota, una textura, y necesitás volver a probarlo.
Hoy, con este Ceylon, me quedo con una taza intensa, con cuerpo, especiada y cálida.
No fue una cata demasiado pensada.
Fue simplemente un té que tenía ganas de tomar.
Y también de eso se trata este camino de seguir probando.
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