H oy no quería inventar… pero la intuición pudo más. Preparé un almíbar de hibiscus y, sin darme cuenta, lo dejé un poquito más de lo planeado. No llegó a “quemarse”, pero sí tomó un matiz profundo, casi ahumado, que le dio un carácter inesperado. Y fue ahí cuando entendí: a veces los errores abren la puerta a lo único. Con ese almíbar como base, improvisé un cóctel que terminó siendo un verdadero hallazgo: Gin (probé con dos estilos diferentes para jugar con las notas) Té rojo de Taiwán, intenso y redondo Frutos rojos frescos Soda, para darle ese toque efervescente que despierta la mezcla No tomé medidas exactas, fue todo un ejercicio de intuición y “ojímetro”. El hielo se encargó de suavizar los bordes, y el resultado final fue intrigante, vibrante y absolutamente delicioso. A veces, el camino hacia la perfección está lleno de accidentes felices. ¿Te animás a probar y dejar que la intuición también te guíe? Miren ese color… ¡es hipnótico! mirate el posteo en Instag...
Té, bienestar y acuarelas de té