Después de la tormenta viene la calma
El último té que ofrecí fue el 25/01/2020, en los festejos del Año Nuevo, en el barrio Chino… dos meses después, el mundo “colapsó”.
Cansada de servirle a “don nadie”, o de compartir té a través de una pantalla, me desvié del camino una y mil veces.


Hoy pude volver, pude servir y meditar en movimiento.

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